En el contexto actual de la República Dominicana, el
desarrollo rural enfrenta importantes desafíos estructurales relacionados con
el acceso a oportunidades económicas, servicios básicos, conectividad y
mecanismos efectivos de participación ciudadana. En particular, los jóvenes,
las mujeres y la población rural en general han visto limitadas sus
posibilidades de incidir en los procesos de planificación territorial, lo que
ha generado brechas entre las políticas públicas y las necesidades reales de
estos grupos.
La formulación de la Estrategia de Desarrollo Rural
(EDR) requiere, por tanto, la incorporación activa de las voces de estos
segmentos poblacionales, especialmente considerando sus aspiraciones sobre
empleo, educación, emprendimiento, migración y sostenibilidad ambiental,
aspectos clave identificados en instrumentos de consulta diseñados para recoger
sus percepciones a mediano y largo plazo.